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Dentro de la caja negra

Hace unos días fu al teatro de Chacao a ver Crimen y Castigo, una adaptación del clásico de Dostoievski. Aunque debo admitir que mi principal motivación para asistir era conocer los espacios del centro cultural Chacao, diseñado por el arquitecto Micucci, la obra de teatro que usé como excusa para ir no fue ninguna decepción. Hubo algunas cosas de la adaptación que no me gustaron mucho, y una que otra escena que hubiera recortado o incluso eliminado, pero quisiera hacer hincapié en las cosas positivas: las tres actuaciones principales me parecieron bastante buenas, en especial la interpretación del inspector, que sin duda fue lo más genial de la obra junto con la música, la cual me resultó verdaderamente impactante, y siento que ayuda mucho a crear un aire de tensión que acompaña las acciones del protagonista. En términos generales me pareció una buena obra y por supuesto súper interesante. Pero mientras bajaba las oscuras y estrechas escaleras del balcón, tomé una resolución: NO...

El azar

Por la ventana, veo en el suelo nevado una minúscula rana. Parpadea un ojo y abre de par en par el otro. Me observa sin moverse. Comprendo que se trata de Dios. Se manifiesta a mí bajo esta forma y mira si he comprendido. (…) No existen los milagros, he aquí lo que Dios me ha dicho, a mí, eternamente insatisfecho. Le hago la pregunta: En ese caso, ¿queda aún algo por buscar? Todo está en calma alrededor. Cae la nieve en silencio. Estoy sorprendido por esta calma. Una calma paradisíaca. Ninguna alegría. La alegría no existe más que en relación a la tristeza. Sólo cae la nieve. (…) Aparentar que se comprende, pero de hecho no comprender nada. En realidad, no comprendo nada, pura y simplemente nada. Así es. -Extracto de la novela “La Montaña de Alma” de Gao Xingjian Estoy empezando a creer en el azar. No porque piense que la vida es azar, sino porque nuestra ceguera nos hace creer que lo es. Los eventos de nuestra vida se nos presentan como una serie de ...

Mi experiencia como misionera católica

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Cuando me preguntan de qué temas suelo escribir, simplemente respondo: “de cualquier cosa que me apasione” Pero hay una cosa que me apasiona, que me fascina, que me ha cambiado la vida, de la que no había escrito hasta ahora: me refiero a la experiencia de irme de Misiones en Semana Santa. Sí, soy católica, y lo digo con una sonrisa de oreja a oreja. Se los puedo asegurar: lo mejor que he hecho en mi vida entera ha sido irme de misiones en Semana Santa. Este año ya fue la tercera vez que me fui de misiones. Y al comentarle eso a una compañera en el primer día, ella, que era nueva en todo esto, me preguntó con una cara de susto e intriga: “¿y qué te hizo volver?” Yo me abalancé a responderle con un entusiasmo que, en retrospectiva pienso que le habrá resultado un poco raro y exagerado. Recuerdo que le dije algo así: “Porque ya sentía que lo necesitaba, la última vez que me fui de misiones fue en el año 2011, y fue LO MÁXIMO; necesito volver a sentir que estoy haciendo algo por los ...

Realismo Mágico

Hace uno días me enteré de que Gabriel García Márquez esta languideciendo en manos de la demencia senil, a sus 87 años de edad. De tan laureado autor me he leído apenas dos libros: a mediados del bachillerato me leí El General en su Laberinto , y más adelante, en cuarto año nos mandaron a leer su obra maestra: Cien Años de Soledad . Los libros son una cosa curiosa, uno cree que son objetos inanimados, pero resulta que a medida que uno los va leyendo, tocando y saboreando palabra por palabra, las hojas cobran vida, la carátula se rebela, y el forro se libera del resto del cuerpo. La edición que me compré de El General en su Laberinto era de tapa dura con un forro plástico, tenía la imagen de una hamaca de un color blanco amarillento sobre un fondo oscuro, y unas botas negras de militar al lado izquierdo. Recuerdo que un día, después de una sesión de lectura, al cerrar el libro sentí las arrugas del forro plástico con mis dedos, noté que tenía rayones que atravesaban la hamaca y ...

SED

¡Que difícil es escribir en estos días en los que el país está tan convulsionado! Uno se siente en la obligación de hablar sobre el tema, de opinar sobre las diferentes maneras de protestar, de hacer un llamado a la paz, etc. Ya he dicho antes que no sirvo para la política, que no entiendo cómo funciona, y que simplemente no me entran en la cabeza esas cosas. Por ende, no hablaré de política. Yo sólo soy una ciudadana más de este curioso país llamado Venezuela. Una venezolana que, como muchos otros de mi generación, he perdido un poco ese arraigo a mi tierra natal, ese amor hacia mi país que es tan sano para una nación - en su justa medida, claro. Deben entender que, para la gente de mi edad, sólo existe un gobierno en nuestra memoria, y ese es el del presidente Chávez, y ahora, su mediocre continuación con el presidente – ilegítimo - Maduro. Yo siempre cuento la anécdota de que yo me aprendí el nombre de Rafael Caldera el día que le entregó la banda presidencial a Chávez. A...

Entre Montevideo y Caracas

5.170 kilómetros separan a Montevideo de Caracas, distancia que se traduce a más de 50 horas en carro, y poco más de 7 horas en avión. En realidad, estas cifras a casi nadie en el mundo le importan un bledo, además de a mí. Dudo que un caraqueño en su sano juicio tenga algún interés en ir a vivir en una ciudad como Montevideo, y viceversa. Lo sé porque conozco las dos ciudades, y más o menos entiendo las dos culturas, pues como muchos saben, siempre he sentido que tengo un pie allá y uno acá.    Mi mamá detesta  al cono sur, tanto que lo llama el “coño” sur; pero mi papá, a mi papá le gusta tanto que recuerda con gusto sus viajes a Punta del Diablo y Ushuaia; sin duda, lugares dignos de refranes como: “donde el diablo perdió la bicicleta”, o “donde el viento se devuelve”. Es curioso que estando en el mismo continente, y hablando el mismo idioma seamos tan diferentes. Caracas es, como dijo el escritor venezolano José Ignacio Cabrujas: “Una ciudad nueva, sie...

El fenómeno de los juegos del hambre y la civilización del espectáculo

El séptimo arte tiene la gran ventaja de que puede adelantarse a nuestro tiempo, y mostrarnos posibles visiones del futuro de la humanidad. Es fantástico como la gran pantalla del cine se convierte en la superficie de una bola de cristal en manos de una vidente. Desde miles de versiones de historias en las que robots dominan un mundo poblado de humanos obesos y sedentarios, pasando por especulaciones sobre el fin de los días e invasiones  de los extraterrestres, Hollywood lo ha hecho todo. O al menos eso creíamos, hasta que llegó “Los Juegos de Hambre”, una historia clásica de rebelión social con un twist genial que la liga directamente con el mayor mal de la sociedad posmoderna: el culto al espectáculo. Hablo como si Hollywood hubiese sido el autor de la historia de los Juegos del Hambre porque debo admitir que así fue para mí, yo no me leí los libros en los que se basa al largometraje, es más, tan poco era mi interés en el tema que fui a ver la segunda película en el cine si...